Células madre: ¿ciencia o estafa?

Bajo el anzuelo de la medicina regenerativa Nicaragua se ha abierto al “turismo celular”. Una clínica se instaló en San Juan del Sur, Rivas, ofreciendo a enfermos desesperados del mundo la cura de males como el cáncer, sida, Parkinson o Alzheimer, a través de las polémicas células madre.

Por JOSÉ DENIS CRUZ

El hombre que atiende el teléfono habla con tanta seguridad que puede convencer a cualquiera. Ese hombre, que se identifica como Julius Hellenthal, vende a su clínica con un rosario de bondades. Asegura que puede curar enfermedades terminales que tanto han azotado a la humanidad, como el cáncer, la diabetes, el mal de Parkinson, el Alzheimer, el sida y muchas más. Él se asentó en Nicaragua desde hace 12 años.

Se vino jubilado de Alemania y la idea de hacer dinero en este país viajó con él. En 2007 abrió un establecimiento de células madre al que llamó Curismo, una fusión de cura y turismo. Así entonces San Juan del Sur se sumó a las ciudades que ofrecen el “turismo celular”. Los pacientes son mayoritariamente extranjeros. En Nicaragua poco o nada se sabe de eso. Es un tema que solo se escucha en los países más avanzados.

Vayamos por parte. Entendamos primero qué son las células madre. Véalo así: Imagine que en un juego de naipes usted tiene un comodín, que le sirve en cualquier lugar, en cualquier canasta. Ese comodín es la célula madre, así que puede ponerla en el corazón, el cerebro, los huesos, o cualquier otro órgano. Ahí van a regenerar el tejido que se ha perdido ya sea por traumas, enfermedades o accidentes. Ellas son multifuncionales, versátiles, dan vida y marcan una nueva era en la medicina regenerativa. Desde su descubrimiento han sido una bocanada de aliento para curar enfermedades como el cáncer y la diabetes, por mencionar algunas.

Existen tres de tipo de células madre: embrionarias, de cordón umbilical y adultas. Con las dos últimas ya hay decenas de ensayos clínicos que garantizan su efectividad en el tratamiento de algunas enfermedades. De las embrionarias se dice que pueden provocar tumores, que están asociadas a la clonación, y que para obtenerlas se debe matar a un ser humano en formación.

PROMETIÓ REJUVENECERLO

Han pasado dos años desde que Sergio Bonilla visitó la clínica de células madre, en San Juan del Sur. Tiene 72 años y padece de mal de Parkinson. La cita fue con un médico, alto y de ojos azules, al que le costaba hablar español. Le dijo que iba a rejuvenecerlo, que volvería a caminar y que le retribuiría el negro de su pelo. Eso prometió.

La familia confió entonces que pronto podría dejar la silla de ruedas y la cama metálica a la que estaba condenado desde hace tiempo. Carlos Hernández, su hijo, recuerda que la familia había decidido aplicarle el tratamiento en un centro médico de Berlín, Alemania. Sin embargo, semanas antes de partir escucharon que una clínica de células madre estaba operando en Nicaragua. El viaje se canceló. Sintieron miedo, pero las esperanzas de curar a su anciano miembro no daban lugar a dudas.

Estando ahí, le extrajeron sangre del brazo derecho y minutos después la regresaron a su organismo. “Él nos dijo que su enfermedad era una infección y la iba a atacar con antibióticos y células madre embrionarias. Todo eso iba en una ampolla que primeramente se la inyectó en el estómago. También le orientó seguir una dieta drástica”, comenta Hernández. Bastaron dos semanas para cancelar el tratamiento. La presión alta y la diabetes empezaron a atacar. Por un momento albergó la esperanza de que, una vez inyectadas, las células madre, su padre recuperaría las funciones motoras perdidas. Pero no fue así.

Las bondades de las células madre han traído consigo una proliferación de clínicas que prometen hacer maravillas con la medicina regenerativa. China, Alemania, Brasil y Estados Unidos encabezan las listas, según el diario español ABC.

Curismo es el único centro médico que manipula células madre en el país. Según el sitio web, los médicos que la integran tienen un currículo de prestigio y pueden curar más de cien enfermedades. Ahí hay testimonios de los pacientes que se han curado. Solo los testimonios, los nombres no figuran por ningún lado. Las mejorías a las que se refieren los supuestos pacientes incitan a cualquier persona que padece alguna enfermedad terminal a conseguir los ocho mil dólares que cuesta el tratamiento e irse a San Juan del Sur a librar la batalla con la muerte. Tal como ocurrió con la familia Bonilla. “Reaccionamos a tiempo”, reconoce Carlos Hernández.

Sonia Hebbert, laboró dos años en el hotel Victoriano de San Juan del Sur, y recuerda haber visto trabajar ahí al doctor Hellenthal. Dice que vio como le apretó la cabeza a una de sus pacientes y le extrajo pus. Sacó una jeringa de su maletín y aparentemente le inyectó algo en la cabeza de la mujer blanca que nunca se inmutó. Tomó sus cosas y partió para nunca más regresar. Días después la misma mujer blanca abandonó el hotel Victoriano, ahí donde se hospedan los enfermos que trata la clínica Curismo. “Yo no miraba mejorías en los pacientes. Como venían se iban”, refuerza la mujer entre susurros.

Mensualmente el hotel alquilaba al doctor Hellenthal un promedio de ocho habitaciones. Según ella, era un convenio entre ambos establecimientos, pero el responsable del hotel lo negó. “Los pacientes dilataban entre 15 a 20 días, y la mayoría de ellos eran viejos (mayores) que venían de Europa”, prosiguió Hebbert.

«Para establecer una clínica de células madre se necesita una alta inversión en tecnología de punta, una legislación que dé soporte legal a esta actividad y un equipo médico multidisciplinario».

“SI ES CIERTO, MERECE EL NOBEL”

LA PRENSA consultó al doctor Byron Sánchez, médico que labora en una clínica de trasplante de células madre de cordón umbilical en Ciudad de Guatemala, Guatemala. Él se asombra al conocer las enfermedades que dice curar y las terapias que dice aplicar el doctor Hellenthal. “Si lo que pregona hacer es cierto, se merece un Nobel”, ironiza el médico.

La clínica ha atendido a más de 5,000 pacientes extranjeros, señala el sitio web de Curismo. “Si la clínica existe y ofrece esas curaciones milagrosas, es porque hay clientes que lo demandan y pueden pagar los ocho mil dólares, sin embargo no hay curación para muchas de las enfermedades enumeradas en la página web”, opina Sánchez.

“En la clínica donde laboro tenemos tres años de estar utilizando las células madre. Utilizamos las células madre de cordón umbilical y las células madre adultas, las que uno ya tiene, es decir las de la médula ósea, las de la sangre periférica”, explica el médico guatemalteco.

El expresidente de la Asociación Médica Nicaragüense (AMN), Rafael José Cabrera, enfatiza que la práctica de células madre con células embrionarias le quita la vida a un embrión, un ser humano, y además está asociada a la clonación. Es una lucha ética la que más bien se libra al otro lado del mundo. Aquí esos debates todavía no salpican.

Para cultivar las células madre embrionarias, comenta, se necesitan equipos altamente tecnológicos, un equipo médico multidisciplinario, millones de dólares y lo más importante: el “ok” de las autoridades sanitarias.

“María” fue masajista de Curismo. Trabajó poco más de dos años y durante ese tiempo solo logró ver una “especie de quirófano” en el segundo piso del local. “Tenía cosas de hospital, mesas metálicas. Era como un hospital”. De ahí nada más, quizá porque los masajes tenía que efectuarlos en el hotel.

El viernes 27 de julio LA PRENSA visitó la clínica Curismo, en San Juan del Sur. La entrevista iba bien hasta que el periodista le preguntó al médico alemán cómo conseguía las células madre de cordón umbilical, si su centro médico contaba con los equipos necesarios para cultivar las células embrionarias y si contaba con la debida acreditación. Enfureció y lo sacó a insultos. Al reportero gráfico lo agredió e intentó quitarle la cámara.

Julio Hellenthal, el alemán de hablar pausado, asevera que realiza trasplante de células madre embrionarias. Lo repite como cinta rayada con ese su español machacado y altanero. Sin embargo, Iveth Pilarte, médico general y miembro de la Asociación Médica Nicaragüense, advierte que dicho procedimiento todavía está en pruebas clínicas, y por tanto no puede ser aplicado. Expertos dicen que este procedimiento, sobre el que hay un debate mundial, genera tumores, por tanto puede empeorar la salud de los pacientes que se sometieron al tratamiento.

El doctor Byron Sánchez, al igual que otros, ve con escepticismo las prácticas en esa clínica, pues duda mucho que Nicaragua esté preparada para realizar procedimientos con células madre embrionarias. Duda mucho de ese salto médico. “Esto (las células madre embrionarias) está rodeado de una gran controversia, (y) no creo que haya tecnología en Nicaragua (para cultivarlas)”, advierte el médico en una conversación telefónica desde la Ciudad de Guatemala.

“Deben tener precaución con esto y ser más bien desconfiados. Para cultivar células embrionarias se necesitan millones de dólares en inversión e infraestructura y pocos países en el mundo lo están haciendo”, continúa el médico guatemalteco.

El laboratorio clínico de Curismo es un misterio. En San Juan del Sur nadie lo conoce. Los pacientes que llegan tampoco. Del centro médico solo se conoce el primer piso, de los dos que tiene. Una mesa cargada de folletos del doctor Hellenthal da la bienvenida. Allá al fondo una puerta entreabierta deja ver la oficina del alemán. Al centro unos sillones que hacen de sala de espera. Nada más. Por ningún lado se ven los tanques de nitrógeno que debería tener para el cultivo y almacenamiento de las células madre.

“Nunca vi equipos tecnológicos, nunca pasé de la sala del lugar”, dice a medias palabras Sergio Bonilla, expaciente de esa clínica.

Sánchez no es el único médico que se asombra al ver la página web de Curismo. También a Alejandro Leal, director de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica, le llamó la atención el hecho de que en Nicaragua se manipulen las células embrionarias.

Pero a Hellenthal poco le importan las voces de otros médico que lo critican. Más bien se jacta de que ha aparecido un centenar de veces en la televisión nacional. “Yo he aparecido 123 veces en televisión y si (algunos) doctores dicen otras cosas es porque ellos no saben qué es lo que estoy haciendo. Si yo he aparecido en televisión, esto no puede ser ilegal”, insiste el alemán, mientras asegura que trabajó como médico general en Austria y como oftalmólogo en Alemania.

Artificial insemination

RETO: QUE MUESTRE ENSAYOS CLÍNICOS

El doctor Cabrera, uno de sus críticos más vehemente, lo reta a que exponga las investigaciones y ensayos clínicos que dice tener, en el Congreso Nacional de Médicos, que se realiza todos los años.

“Si una persona quiere saber si una terapia sirve para curar alguna enfermedad debe seguir un método científico, llamados ensayos clínicos”, explica, por su parte, Alejandro Leal, investigador de la Universidad de Costa Rica.

“Después de hacer prácticas en animales y se logra demostrar que la terapia es segura, pasa a una segunda fase que es para demostrar que la terapia es efectiva, es decir que se toma un número de pacientes, a una parte se le aplica la terapia y a otros no, ya después se hace un estudio estadístico para observar si los pacientes tuvieron una recuperación significativa”, aclara el costarricense.

“Nada de lo que está en esa página web me demuestra que se hicieron los ensayos clínicos pertinentes”, advierte también el médico.

Sergio Bonilla, el señor de 72 años se ha levantado de su cama metálica para irse a la sala. Quiere que en el retrato se le vea vigoroso. Ahora está recuperado de esos bruscos movimientos que le provocaba el mal de Parkinson, no es que haya sido por el tratamiento de la “tal clínica” que le cobró seis mil dólares, sino porque su médico que vive en Miami le ha aplicado el tratamiento adecuado. Él ya no pone sus esperanzas en las células madre, ahora confía en “la voluntad de Dios” y su doctor.

El precio de las “falsas expectativas”

Un nicaragüense de a pie difícilmente podría pagar uno de esos supuestos transplantes de células madre que practican en la clínica Curismo. No tendría cómo pagar los 8,000 dólares que cuesta “la terapia con estándar mundial”, tal como dice la ficha de admisión de la empresa. El padre Miguel de Escoto es uno de los clientes de la clínica, según confirmó la asistente del funcionario sandinista.

Este tipo de “turismo médico” ha atraído a enfermos desesperados de Europa y Asia. Según el documento, en otros países del mundo la terapia cuesta 30,000 dólares, sin embargo “nosotros, todavía, la ofrecemos en 8,000 y 20,000 dólares”.

En la clínica las citas no funcionan de un día para otro. No. La persona interesada tiene que anunciarse cuatro semanas antes y deberá depositar la mitad del dinero en bancos de Estados Unidos o Nicaragua. Las cuentas están a nombre de Julius Hellenthal.

La hoja explica que la terapia consiste en la aplicación de “células embrionarias humanas en combinación con una vacuna autoinmune. Además el paciente necesita de dos a tres horas de explicación para el incremento necesario de su sistema inmunitario por cambio de dieta, la manera de vida, la manera de pensar, el suministro de vitaminas, elementos separados, la manera de movimiento, un agua especial y la terapia de caminar”.

*Este reportaje fue publicado en agosto de 2012 en el diario LA PRENSA.


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